domingo, 4 de noviembre de 2012

Análisis entre Neuronas Biológicas y artificiales


Sintetizando lo enunciado en apartados anteriores, las neuronas biológicas consisten en un cuerpo o un soma de la célula que contiene un núcleo y ramas denominadas dendritas, que transfieren la información vía sinapsis de las células circundantes al soma, y un axon que lleva el impulso nervioso del soma a la estructura a la que apunta. En cambio, la neurona artificial es un modelo simplificado de la estructura biológica pues contiene tan solo sus elementos básicos: sinapsis, dendritas, soma y axon Las sinapsis y las dendritas de la neurona artificial son las entradas al elemento procesador (soma) y cada una de estas entradas tiene un peso asociado de conexión (simulando la fuerza de un conexión biológica determinada). El elemento procesador multiplica cada entrada por su peso de la conexión y suma generalmente estos productos, que pasan entonces a la función de la transferencia para generar un resultado que se transmita por la vía de salida (axon).
De todo lo anterior se deduce que éstas son las grandes diferencias entre las redes neuronales biológicas y las artificiales: Las redes artificiales se basan siempre es funciones lógicas en todos los casos, no admitiéndose por tanto raciocinios que no se encuentren entre sus “bases”, sin embargo, no se sabe muy bien cómo hace las cosas nuestra mente en la mayor parte de las veces, aunque parecen ser el resultado de procesos sumamente complejos en varias partes de nuestro cerebro. Los ejemplos incluyen los procesos de aprendizaje o las tareas sensoriales y motoras. Otra gran diferencia es el hecho de que las redes neuronales artificiales se basan por así decirlo en el análisis, algo así como comenzar por una ídea fundamental y descomponerla hasta conocer todos sus componentes. Mientras que las redes biológicas basan su funcionamiento en la síntesis pues así es el acercamiento de las redes neuronales: se comienza por un comportamiento inicial y se trata de conformar la inteligencia mediante la unión de estos componentes. Si a lo que acabamos de enumerar le sumamos las características que diferenciaban al cerebro de los ordenadores tradicionales, como son el aparente “desorden” con el que se almacenan los datos en el cerebro frente al riguroso orden que siguen las redes neuronales artificiales, o el hecho de que las redes artificiales sólo parecen emular al cerebro en áreas que requieran habilidades puramente simbólicas o lógicas, obtendremos el porqué de la dificultad para conseguir una inteligencia artificial similar a la propia del ser humano.


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